¿Cómo hablo de sexo con mis hijos?

Hablar de sexo (o de sexualidad) con los hijos en uno de los temas que como padres de familia nos “aterra”. Es de esas cosas que quisiéramos que alguien más hiciera por nosotros, pues nos sentimos incapaces y poco preparados para hacerlo. Y esto en el fondo tiene que ver con que, si llegamos a este momento, es que ya no son chiquitos, están creciendo y se acerca hora de dejarlos volar sin poder estar todo el tiempo cuidándolos y protegiéndolos, y eso siempre dará miedo.

 

A todos nos pasa. Pero es importantísimo saber que NADIE mejor que nosotros para hablar de este tema con nuestros hijos. Ni la escuela, ni los amigos, ni la información en internet tienen porqué quitarnos el DERECHO de ser nosotros quienes hablemos de este tema tan importante en la vida de nuestros hijos. Sólo nosotros los conocemos profundamente y sabemos la mejor forma de explicarles las cosas, sobre todo algo tan hermoso y fundamental como es la sexualidad humana.

 

Hablar de sexualidad es hablar de lo que somos, ya que los seres humanos somos seres sexuados, es decir, nacemos siendo hombres o mujeres, y esta sexualidad la vivimos y expresamos desde el día que nacemos.  Es por eso que la educación sexual empieza, sin darnos cuenta, desde los primeros años de vida de nuestros hijos.

 

Amar a nuestros hijos, respetarlos, escucharlos, hacerlos sentir importantes dentro de la familia es parte de la educación sexual, pues sólo un ser humano que se siente amado desde su nacimiento será capaz de vivir una sexualidad plena en su vida adulta.

 

Pero, ¿Qué pasa cuando llega el momento de contestar «LA PREGUNTA»? Esa pregunta que nos da “pavor”: ¿Qué es sexo?

 

Hablar de sexo es hablar de amor. La sexualidad humana no se entiende separada del amor, ya que es la expresión máxima del amor entre un hombre y una mujer. Así que todas nuestras respuestas, a preguntas sencillas o complicadas, tienen que contener este elemento.

 

Podemos ayudarnos de los procesos biológicos de reproducción humana para poder explicar las relaciones sexuales. Pensemos que para los niños en etapas anteriores a la pubertad, la sexualidad humana no tiene connotaciones eróticas como las tiene para los adultos. Así que hablar de unión celular y formación de un bebé es un hecho meramente biológico para ellos.

 

Esta base biológica de la reproducción humana debe ser explicada, ya que una de las finalidades de las relaciones sexuales es la procreación. Así estaremos cubriendo las dos finalidades de la relación sexual: la unitiva (el amor entre un hombre y una mujer) y la procreativa (la única forma natural que tiene el ser humano para perpetuar la especie).

 

Lo más común es que a partir de los 7 años comiencen a preguntar los niños cómo llega un bebé a la panza de mamá, o pueden empezar a escuchar la palabra sexo, y preguntar qué es. En esta primera etapa de curiosidad sobre la sexualidad se recomienda hablar de unión celular (óvulo y espermatozoide) y del amor entre el hombre y la mujer que permite que se forme un bebé dentro del cuerpo de la mamá.

 

Sólo a partir de los 9 años se recomienda hablar de la relación sexual completa. Y sólo si el niño pregunta expresamente cómo, cuándo o por dónde se unen el óvulo y el espermatozoide. Es decir, antes de esta edad NO se recomienda hablar de penetración pene-vagina. Ya que su nivel de desarrollo cognitivo no les permitirá comprenderlo y podría ser tomado por el niño como un acto invasivo, violento y desagradable.

 

A partir de los 9 años el desarrollo cognitivo permite que los niños entiendan la penetración como un acto biológico que permite la fecundación del óvulo por el espermatozoide, sin el contenido erótico que los adultos le imprimimos a las relaciones sexuales.

 

Sea cual sea la forma de responder, pues cada quien tiene estilos diferentes, debemos tener en cuenta que no falten los siguientes elementos:

– El amor entre el hombre y la mujer

– La unión celular

– El diseño del cuerpo femenino y masculino para las relaciones sexuales y la fecundación (con los nombres correctos para las partes del cuerpo y las células especializadas: pene, vagina, útero, óvulo, espermatozoide, etc.)

– Crear un ambiente de confianza y siempre hablar estos temas “uno-a uno”, es decir, a nivel personal. No se vale explicarlo en la reunión familiar, ni los tres hermanos juntos. Cada uno de nuestros hijos merece que le expliquemos estos temas personalmente, viéndolo a los ojos y poniendo toda nuestra atención y nuestro amor en la plática.

 

Otro elemento que no puede faltar, es hablarles a los hijos de la importancia de no sólo atender a la madurez fisiológica de su cuerpo, sino de respetar la madurez emocional y psicológica. No porque el cuerpo esté listo para las relaciones sexuales, quiere decir que la mente y el corazón lo estén también. Las relaciones sexuales humanas están diseñadas y encuentran su plenitud en la vida adulta, cuando se dan entre dos personas maduras, dueñas de sí mismas, con un proyecto de vida en común y que conocen y son capaces de responsabilizarse todas las consecuencias tanto físicas como emocionales de las relaciones sexuales. Antes de esto, es decir, en la adolescencia, las relaciones sexuales suelen estar acompañadas de sentimientos profundos de miedo, insatisfacción y culpa; sin dejar de lado las consecuencias físicas y sociales, como son las enfermedades de transmisión sexual y los embarazos inesperados, entre muchas otras.

 

Debemos “entrarle al tema” con la seguridad de que el amor que les tenemos a nuestros hijos es la mejor herramienta para formarlos, no solo informarlos sobre sexualidad. No debemos quedarnos sólo en la explicación que necesitan según la edad, debemos, como parte de nuestra tarea insustituible de padres, estar a su lado, acompañarlos, interesarnos en sus cosas, para que sepan que el primer lugar a donde pueden acercarse a buscar información somos nosotros, y que siempre estaremos dispuestos a escucharlos y resolver sus dudas. Basándonos en información verdadera, completa, adecuada para su edad y sobre todo cargada de nuestro amor incondicional.

 

La sexualidad es una de las áreas de nuestra vida más hermosa e importante. Como seres sexuados vivimos nuestra sexualidad en todo lo que hacemos, pues en cada cosa imprimimos nuestro ser femenino o masculino. Y cuando llega la edad de saber qué es aquello de lo que todo mundo habla “el sexo”, lo mejor es recibir la respuesta y la orientación de las personas que más me aman y me conocen y que me ayudarán a darle el verdadero valor que tiene mi sexualidad: respetar y cuidar mi cuerpo, conocer mi nivel de madurez, no dejarme llevar por la presión social o las modas…  Y eso sólo lo podemos hacer nosotros, los papás.

 

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