¿Qué son los famosos valores?

Por. Lic. Mercedes Hoyos

 

Todos alguna vez hemos escuchado hablar acerca de los “valores”, hemos oído frases como: “¡ya no hay valores!”, “¡se han perdido los valores!”, “¡hay que educar con valores!” o “¡los jóvenes ya no conocen los valores!”, por mencionar sólo algunas de las más conocidas.

 

Pensamos que esa palabrita está pasada de moda, que pertenece a un vocabulario de otras generaciones, de gente cuadrada que quiere “imponer” su visión de la vida.

 

Pero al oír hablar así de los valores en general, como algo abstracto, no solemos recapacitar y preguntarnos a qué se refiere realmente este tema…

 

¿De qué hablamos cuando hablamos de “valores”?

 

Todos sabemos que la palabra “valor” hace referencia a “valioso”, algo que enriquece… bueno sí, pero en nuestro caso hablamos de valores humanos aplicados a la persona, porque un valor que no se vive, que no se encarna y se convierte en virtud, se queda en mero concepto, en palabras.

 

Cuando hablamos de valores humanos nos referimos específicamente a todo aquello que nos construye como personas, que nos hace mejores. Los valores son aquellas conductas, actos, actitudes, decisiones, que nos harán crecer, ser mejores, vivir mejor…; a final de cuentas, que nos ayudarán a nuestra perfección, y el más grande -y me atrevería a decir que el único- perfeccionamiento que puede tener una persona es ser capaz de amar más y mejor, es decir, ser capaz de relacionarse de la mejor manera con los demás: ¡esto hace los valores humanos!

 

Les comparto la mejor definición que conozco del concepto “valores” humano: Los valores son formas concretas de vivir el amor en lo cotidiano, en la vida diaria, y así poder ir ampliando nuestra capacidad de amar.

 

Si te pido que me des una definición de amor, de amor en general, no sólo de pareja, ¿qué me dirías?

Porque todos hablamos de amor continuamente, pero no solemos tener claro qué es exactamente el amor…

Te respondo: “El amor es… buscar siempre el bien verdadero y mayor de la persona.”

 

Piensa en cualquier valor humano: orden, puntualidad, cortesía, generosidad, justicia, bondad, limpieza, simpatía, el que quieras…Todos estos valores buscan el bien verdadero de la persona: sea esa persona yo misma o los demás. Cuando elijo los valores, elijo lo que es bueno, bello y verdadero para mí y para los demás. Reconozco mi dignidad y la de los que me rodean y actúo en consecuencia.

 

Así que cuando yo vivo los valores o enseño a mis hijos o alumnos a vivirlos, les estoy capacitando para amar cada vez más y mejor. Si yo soy puntual, es porque reconozco que el tiempo del otro vale tanto como el mío. Si soy ordenada, me facilito la vida y se la facilito a los que conviven conmigo. Si soy justa, busco dar a cada quien lo que le corresponde. Si soy honrada, respeto la propiedad del otro, etcétera… cada valor me ayuda a buscar ese bien y esa perfección que me humaniza y me permite salir de mi egoísmo, es decir, me abre al otro como alguien que merece ser amado y no usado o manipulado. Busco y encuentro mi perfeccionamiento y crecimiento y el de todos los demás.

 

Es así como me voy capacitando para amar, para buscar siempre el bien verdadero de toda persona humana. Todas las decisiones grandes y pequeñas que vamos tomando a lo largo del día y durante toda nuestra vida, nos van haciendo las personas que somos, y nos permiten construirnos, construir nuestro destino, convertirnos en las personas que queremos llegar a ser. Nuestra voluntad sigue aquello que creemos que es nuestro bien y elegimos con base en esto.

 

Pero, desgraciadamente, también por nuestra libertad mal entendida podemos elegir mal, podemos elegir un bien menor o un bien aparente, algo que en vez de construirnos o de beneficiarnos, nos puede traer consecuencias negativas e incluso, nos puede destruir, destruir nuestros proyectos o nuestras relaciones, nuestras oportunidades, nuestra salud, en fin, podemos provocarnos muchos problemas si no tenemos claro lo que es bueno para nosotros, lo que nos ayudará a mejorar, lo que nos beneficiará, lo que llevará a ser felices…

 

Como seres racionales tenemos la obligación de pensar en las consecuencias de nuestras elecciones. Precisamente esos son los valores, es todo aquello que, cuando yo lo elijo, me convierte en una mejor persona en algún aspecto de mi vida, o avanzo por un camino de perfeccionamiento, de crecimiento y me voy capacitando para buscar lo mismo para todos, porque reconozco en ellos mi misma dignidad y derecho a la felicidad.

 

Así que, si yo como educadora no vivo los valores, no puedo transmitirlos. Y cuando un niño no es educado con y en valores, le estamos arrebatando su felicidad, pues le quitamos la capacidad de relacionarse con los demás correctamente. No puede haber relaciones sanas ni de amor, cuando no hay respeto, generosidad, entrega, veracidad, honradez, coherencia, solidaridad, justicia o bondad, por mencionar algunos.

 

Si un niño no aprende desde pequeño a vivir los valores, lo incapacitamos para amarse a sí mismo y para amar a los demás… lo deshumanizamos.

 

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