10 de septiembre: Día mundial de prevención del suicidio

Por. Mtra. Carla Roel de Hoffmann

 

El suicidio se define como el acto deliberado para causar la propia muerte. A nivel global es la décima causa de muerte. El suicidio infantil es el secreto mejor guardado de nuestra sociedad: niños desde los siete años mueren por esta causa. En la población de entre 10 y 14 años, suele ser la cuarta causa de muerte.

 

La Centers for Disease Control and Prevention (CDC) reporta que entre el 12 y el 25 % de los niños y adolescentes han tenido pensamientos suicidas en algún momento. Por cada suicidio exitoso hay entre 25 y 100 intentos de suicidio. El método elegido para provocar la propia muerte está directamente relacionado con el éxito de la acción: los varones eligen métodos más eficaces como el uso de armas de fuego y sofocamientos o ahorcamientos; mientras que las mujeres utilizan el envenenamiento como el método más común.

 

El suicidio es multifactorial. Por lo general, en niños y adolescentes es un modo de salir de una situación que se percibe como desesperada. Algunos factores que pueden incrementar la idealización suicida en niños y adolescentes son:

 

– Desórdenes psicológicos

– Ansiedad, irritabilidad, desesperanza

– Impulsividad

– Intentos de suicidio previos

– Historia familiar de depresión y suicidio

– Abuso físico, sexual o emocional

– Falta de una red de apoyo

– Experimentar deseos bisexuales u homosexuales

– Negligencia emocional

– Abuso de drogas y alcohol

– Acoso escolar

– Acceso a armas de fuego

 

Aunque en muchas ocasiones el niño o el adolescente hable de quitarse la vida sin realmente desearlo y planearlo, siempre hay que prestar atención a lo que manifiestan y tratar de averiguar hasta dónde se trata de palabrería y cuándo estamos en presencia de un riesgo real para buscar ayuda a la brevedad. Este no es un tema en el que podemos ser negligentes. Algunas de las señales de alarma son:

 

– Dormir mucho o muy poco

– Pérdida de apetito y/o de peso

– Aislamiento

– Pérdida de interés en las actividades preferidas

– Agresividad física o psicológica

– Abuso de alcohol o drogas

– Falta de preocupación por la apariencia y la higiene

– Correr riesgos innecesarios

– Interés por la muerte y por el suicidio

– Desprenderse de bienes que le son queridos

– Dificultad para concentrarse

– Mensajes de despedida

– Pensamientos negativos respecto a uno mismo

 

El suicidio se puede prevenir. La disposición a escuchar y acompañar al niño o al adolescente que sufre, es definitiva para prevenir una tragedia.

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